Romántico
Ya estás ahi, sentado, bien incómodo, con más sudor del que debería deslizarse por tu frente, con las uñas mal cortadas y sus ojos enfrente. Ni te atreves a secarte esa gota salina que casi llega al ojo izquierdo, sólo te importa saber cuándo demonios dejará de hablar de su trasero.
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